Durante 14 años, una parte de la población venezolana casi se acostumbró a que la llamaran con todos esos epítetos a los que acudía Chávez para hacer siempre su discurso divisionista y discriminatorio contra quienes no lo apoyaban. Aprendimos a convivir con dichos sobrenombres en esta jungla que es hoy nuestro país, sintiéndonos si, más radical contra los abusos del poder, la persecución, el comunismo, la mediocridad, y la corrupción. Por mantener su férrea postura y hablar claro y raspado, muchos han sido encarcelados, otros perseguidos penalmente y algunos están hoy fuera de nuestras fronteras, exiliados, soñando con volver a la patria.