“"¡Invertidos que nos llamaban...nos llamaban invertidos!", recuerda de improvisto Fernando. El más mayor, Juan Pablo Sánchez, explica cómo era esa España que consideraba a los homosexuales "los enemigos del país": "Lo correcto y lo sano era ser heterosexual y de matrimonio canónico. Para nada se permitían otro tipo de uniones. Cuantos más hijos mejor, pues la natalidad estaba premiada".”